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ÁNDATE CON OJO
La digitalización de 2025 ya no se apoya en sistemas aislados, sino en arquitecturas altamente automatizadas, interconectadas y dependientes de terceros.
Cloud, IA e IoT están profundamente integrados en procesos críticos, pero esa integración también está introduciendo nuevas superficies de ataque y, sobre todo, nuevos modos de fallo difíciles de detectar a tiempo.
Los incidentes más relevantes de los últimos meses no responden únicamente a exploits sofisticados, sino a errores en automatismos, credenciales comprometidas, dependencias centralizadas y dispositivos fuera de gobierno. Cuando estos elementos fallan —o son explotados— el impacto deja de ser técnico para convertirse en operativo, reputacional y, en muchos casos, regulatorio.
Las noticias de este mes reflejan cómo los riesgos digitales se materializan en contextos muy distintos: infraestructuras críticas, grandes corporaciones con millones de clientes y estrategias de refuerzo operativo ante un entorno cada vez más exigente.
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Un ataque de ransomware ha comprometido cerca de 1.000 sistemas de la Agencia Nacional del Agua del país. Aunque el servicio no se interrumpió, el incidente vuelve a poner el foco en la exposición de infraestructuras críticas a ciberataques nacionales.

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CONSEJO DEL MES

Anticipar el riesgo no es futurismo, es gestión.
Muchas decisiones que hoy parecen operativas —automatizar procesos, apoyarse en IA, externalizar servicios cloud o integrar IoT— están redefiniendo silenciosamente el perfil de riesgo de las organizaciones.
La experiencia de los últimos meses demuestra que el problema no suele estar en la tecnología en sí, sino en cómo se adopta: automatización sin gobierno, dependencia excesiva de terceros, modelos de IA sin control operativo o entornos híbridos sin una visibilidad real de extremo a extremo.
Anticipar estos escenarios requiere levantar la mirada del incidente concreto y entender qué tendencias están consolidándose y cómo impactarán en la seguridad, la resiliencia y la toma de decisiones en los próximos años. La ciberseguridad deja de ser una capa reactiva y pasa a formar parte del diseño estratégico del negocio.
Para profundizar en estas dinámicas y entender qué tecnologías marcarán realmente el rumbo en 2026, hemos recopilado las principales claves en el Informe de Tendencias Tecnológicas 2026, con foco en su impacto real sobre la seguridad y la operación.
ME RÍO POR NO LLORAR
"La API que confundió 'expuesta' con 'disponible para todos'"
En teoría, una API expuesta a Internet no es un problema. En la práctica, lo es cuando no existe ningún mecanismo de autenticación, autorización ni control de acceso. Y eso fue exactamente lo que ocurrió en Australia en 2022, uno de los mayores incidentes de filtración de datos de los últimos años.
Durante un periodo indeterminado, una API en entorno productivo respondía a peticiones externas sin validar identidad, rol ni contexto. No era necesario explotar vulnerabilidades, ni forzar credenciales, ni desplegar malware: bastaba con realizar llamadas correctamente formadas para obtener información sensible a gran escala.
Desde un punto de vista técnico, el fallo no estaba en el código complejo ni en una cadena de ataque avanzada, sino en algo mucho más básico: ausencia total de controles de acceso en un punto crítico de exposición. Sin rate limiting efectivo, sin autenticación fuerte y sin monitorización que detectara patrones anómalos de consumo.
El impacto llegó después: millones de registros comprometidos, notificaciones regulatorias, costes reputacionales y decisiones ejecutivas tomadas a posteriori. Todo originado por un componente que, probablemente, nadie consideraba “crítico” porque “solo era una API”.
Cuando una API no pide credenciales, no es que esté simplificando el acceso. Es que está asumiendo que nadie va a mirar. Y alguien siempre mira.
