El caso contado en primera persona por el equipo de Grupo Motta.
El cliente
Con más de 70 años de historia, Grupo Motta es un conglomerado empresarial panameño de capital familiar dedicado a la distribución, la logística y la venta al por menor de marcas reconocidas internacionalmente: desde perfumería y cosmética de lujo hasta relojería, joyería, licores premium y moda. Opera bajo tres grandes líneas de negocio: distribución masiva y desarrollo de marca en mercados locales, cadenas de retail y boutiques, y operaciones duty-free en aeropuertos y fronteras de la región; que lo han posicionado como una de las empresas de mayor prestigio del sector en la región.
Con base estratégica en Panamá, el grupo tiene presencia comercial en más de 12 países de América Latina y el Caribe, y reúne bajo un mismo paraguas a decenas de marcas propias y representadas. Esa escala regional es también la razón por la que la ciberseguridad se convirtió en una prioridad de grupo: cada país, cada marca y cada canal de venta es una superficie más que proteger.
El reto
Hace casi seis años, el crecimiento de Grupo Motta planteaba dos retos muy concretos. Operar en más de 12 países significaba no tener todavía una visibilidad real y centralizada sobre sus propias vulnerabilidades: sabía que había riesgo, pero no dónde ni cuánto. Y acababa de implementar Microsoft 365 que añadía una capa más de complejidad a esa visibilidad, algo habitual en despliegues de esta escala.
A eso se suma una presión que no baja nunca: intentos de phishing constantes e intrusiones desde distintos puntos del planeta. Grupo Motta lleva su propia métrica de origen de ataques, un ejercicio poco habitual entre clientes de su tamaño y que dice mucho de la madurez con la que su equipo interno vive la ciberseguridad.
Constantemente tenemos intentos de phishing e intromisión desde distintos puntos del mundo. Llevamos nuestra propia métrica de dónde vienen los ataques.
El caso contado en primera persona por el equipo de Grupo Motta.
La solución
No lo planteamos como un único proyecto con fecha de entrega. Ha sido, y sigue siendo, trabajo sostenido en dos frentes principales, cada uno con su propio ritmo.
De un despliegue sin hardening a un entorno diagnosticado, asegurado y revisado de forma constante.
El punto de partida era Microsoft 365 recién implementado sin hardening, la puerta de entrada más común para el phishing y el robo de credenciales en cualquier organización que trabaja con Office. Entramos primero por ahí: diagnosticamos el estado real de la configuración, cerramos los ajustes por defecto que quedaban expuestos y endurecimos el entorno completo antes de tocar nada más.
Lo diferente no es el hardening inicial, que cualquier proveedor puede hacer una vez. Es lo que vino después: casi seis años revisando el entorno de forma asidua, sin dejarlo nunca en piloto automático. Microsoft cambia su configuración por defecto y publica funciones nuevas constantemente; cada vez que eso ocurre, nuestro equipo evalúa si afecta a la postura de seguridad de Grupo Motta Internacional y ajusta lo que haga falta, en lugar de esperar a una auditoría puntual para descubrirlo.
Visibilidad centralizada sobre una red en constante evolución.
El reto aquí no era técnico en el sentido clásico, era de escala: cómo vigilar una red que se extiende por más de 12 países sin que cada país se convierta en un punto ciego distinto. Centralizamos ese monitoreo con herramientas líderes en el mercado y el respaldo de nuestro Atlantis SOC, que además tiene presencia física en Panamá, el mismo terreno donde opera Grupo Motta Internacional. Lo que empezó como un despliegue puntual se fue ampliando con los años, hasta unificar el monitoreo de toda la red bajo una misma plataforma.
En la práctica, eso significa una sola foto de la situación de seguridad del grupo completo, actualizada en tiempo real, en lugar de 12 fotos sueltas que alguien tendría que cruzar a mano.
Diagnóstico inicial que se ha convertido en una capacidad permanente
Infraestructura, aplicaciones web, redes wifi, dispositivos...
Fraude y suplantación
Vigilamos y actuamos ante intentos de phishing y fraude online que puedan afectar a los sistemas de Grupo Motta Internacional, antes de que se conviertan en un problema para el grupo.
Para mí, Sofistic más que un proveedor es el punto de apoyo y cercanía con el que podemos contar. El equipo no nos ve como clientes, nos conoce por nombre, conoce nuestra necesidad y conoce nuestro entorno.
Los resultados
La prueba de que un sistema de monitoreo funciona no es que nunca pase nada. Es que, cuando algo empieza a pasar, se detecta a tiempo. Grupo Motta tuvo un evento que empezaba a escalar mientras la herramienta de monitoreo estaba activa. La alerta llegó a tiempo, y el equipo pudo bloquearlo antes de que se convirtiera en un incidente real.
Vigilancia 24/7 + alerta oportuna = una brecha cerrada antes de convertirse en incidente.
Una relación que se mide en años, no en proyectos
Lo que diferencia este caso no es solo la parte técnica. Es que, casi seis años después del primer diagnóstico, la revisión sigue siendo asidua y el monitoreo sigue siendo constante. Para Grupo Motta, eso se traduce en un equipo que conoce su negocio, su entorno y sus prioridades, no en un proveedor que entrega un servicio y desaparece.
¿Tu operación también está repartida en varios países?
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